De mí qué puedo decir: que nací en el Mediterráneo (igual que en la canción), pero con el Atlántico, herencia de mis mayores,  a mis espaldas. Me gusta el color de uno y el rugir del otro. En cuanto a mi edad, para qué vamos a hablar de algo tan vulgar.

De pequeña quería ser muchas cosas: peluquera, princesa, actriz, hada, pediatra, escritora; más tarde, quise ser directora de cine, hasta que me decidí a estudiar Filología Hispánica. Luego la vida nos lleva por derroteros que ni sospechábamos, pues, no soy ni princesa, ni actriz, ni hada, ni pediatra, ni escritora, ni directora de cine, y ni siquiera peluquera. Acabé dedicándome a algo tan poco exótico como ser profesora de Lengua. También me casé y tuve, tengo dos hijos. Los hijos son para toda la vida, afortunadamente. Del colegio lo que más me gusta recordar son las clases de Literatura, en concreto, cuando hacíamos redacciones (ahora lo llamaríamos taller de textos). Guardo en mi memoria un entrañable recuerdo de dos profesores que fueron muy importantes en mi vida literaria, aprendí mucho con ellos y afianzaron mi gusto por la palabra, todo lo que  escribía les encantaba y siempre me animaban a continuar con esta actividad, «esta cualidad –decían– se desarrolla escribiendo y leyendo». Dejé de escribir, sin embargo. Quizás el trabajo, quizás la crianza, quizás no lo necesitaba durante esos años. O, quizás, la mezcla de todo ello.

Por suerte, la vida está surcada por innumerables caminos de innumerables direcciones y sentidos, y cuando creía que aquel camino estaba perdido –¡y casi olvidado!– lo retomo y recupero una vocación perdida. Comienzo a escribir, y a fisgonear en Internet. Llevaba unos cuantos años siguiendo por facebook un Certamen literario, Canal Literatura, y, después de mucho pensarlo, decidí presentarme. Bendigo el día que lo hice: cambió mi vida. Conocí a otros escritores y entablamos una relación unas veces divertida; otras, complicada. Pero siempre, interesante. Con algunos mantengo la relación. De todos aprendí.

Que qué me gusta. Cómo soy una persona anónima, que vive una vida ordinaria, de las que no  salen ni en la tele, ni en el papel de colorín, y mucho menos se estudiará en los libros de historia, siempre lo he compensado soñando. Sí.

       Me gusta soñar.

       Me gusta el cine. Todas las artes están en él.

       Me gusta la música y no solo la clásica. Me gusta todo tipo de música.

      Me gusta leer. Siento que necesitaría otra vida para leer todo lo que me interesa. ¡Soy tan lenta!

       Me gusta el mar.

       Me gusta la gente auténtica.

       Me gusta comerme a besos los piececitos de los bebés.

       Me gusta gustar…

       ¡Ay!, por eso me gusta soñar, porque yo, como Cortázar, «no hago diferencia entre la realidad y lo fantástico. Para mí lo fantástico procede siempre de lo cotidiano».

   

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